Maestros
En los márgenes del río Tansa, en el pequeño pueblo de Ganeshpuri, India, la presencia de un ser extraordinario transformó no solo ese lugar, sino también miles de corazones. Bhagavān Nityānanda, considerado un siddha, un ser realizado que alcanzó la perfección espiritual, es recordado no tanto por discursos, sino por su profundo silencio, su mirada penetrante y su capacidad para despertar la conciencia de quienes se acercaban a él.
Orígenes envueltos en misterio
La vida temprana de Nityānanda está envuelta en un halo de misterio. Se cree que nació a fines del siglo XIX, posiblemente hacia 1897, en Kerala, al sur de la India. Fue encontrado como un niño huérfano por una pareja piadosa, que lo crió con devoción. Desde temprana edad mostró señales extraordinarias: una indiferencia natural por el mundo, estados de samādhi espontáneo, y un profundo amor por la verdad. Ya en su adolescencia, vagaba como un avadhūta, un asceta que no sigue reglas sociales, pero que está totalmente establecido en Brahman, la realidad suprema.
Viajó extensamente por el sur y el oeste de la India. Se le vio meditando en templos, bosques, cementerios, caminando descalzo por días sin alimento, a veces en total silencio, otras veces cantando palabras enigmáticas. Se asentó durante un tiempo en Kanhangad (Kerala), donde construyó una serie de cuevas para la meditación. Hoy, ese lugar sigue siendo un centro de peregrinación para miles de buscadores.
Ganeshpuri
Hacia mediados de los años 30, Bhagavān Nityānanda se trasladó a un pequeño pueblo termal cerca de Bombay llamado Ganeshpuri. En ese entonces, era apenas una aldea pequeña. Su sola presencia transformó completamente el lugar. Se cuenta que tocaba con la mano las aguas sulfurosas de los manantiales, y estas se volvían medicinales. Personas de toda India venían a recibir su darśana—una simple mirada suya podía inducir visiones interiores, estados de samādhi, o despertar espontáneo de kuṇḍalinī.
En Ganeshpuri, Bhagavān Nityānanda permanecía sentado por horas, a veces días, en silencio absoluto, irradiando una poderosa energía de paz y compasión. No daba discursos ni enseñaba formalmente, pero quienes estaban cerca de él sabían que su enseñanza era directa, silenciosa y transformadora.
Una obra de compasión silenciosa
Aunque era un asceta desapegado, Bhagavān Nityānanda mostró un profundo compromiso con el bienestar del pueblo. Supervisó la construcción de hospitales, caminos y escuelas. Tenía un amor especial por los niños. Mandó a construir un comedor comunitario (annadāna śālā) donde hasta hoy se alimenta gratuitamente a cientos de personas diariamente, especialmente niños y ancianos necesitados. Esta tradición de servicio desinteresado (sevā) sigue viva en Ganeshpuri como una parte inseparable de su legado.
Los pobladores aún cuentan cómo él mismo, en silencio, daba órdenes para organizar comidas, asistir a los pobres, proveer medicinas, y asegurarse de que nadie en el pueblo sufriera necesidad básica alguna.
Su obra viviente: Swami Muktānanda
Aunque no fundó una institución formal, su legado vivió con fuerza a través de su principal discípulo, Swami Muktānanda Paramahaṁsa. Nityānanda lo bendijo de forma especial, le transmitió kuṇḍalinī śakti en un encuentro silencioso y transformador, y le encomendó la tarea de llevar su luz al mundo. Swami Muktānanda se convirtió en un maestro de renombre mundial.
Fundó numerosos āśrams, viajó extensamente por Occidente, y enseñó el sendero del Siddha Yoga: Siempre declaraba: “Mi Guru es Bhagavān Nityānanda. Todo lo que soy, se lo debo a Él.”
Mahāsamādhi y el templo vivo
El 8 de agosto de 1961, Bhagavān Nityānanda tomó mahāsamādhi —el acto consciente de abandonar el cuerpo físico— en Ganeshpuri. Sus restos fueron consagrados en el lugar que hoy se conoce como el Samādhi Mandir, un santuario donde se siente aún su poderosa presencia silenciosa.
Allí, diariamente se celebran pūjās, āratis y recitaciones devocionales. Devotos, peregrinos y sādhakas de todo el mundo se acercan a meditar en el interior del templo, donde el silencio es denso y vibrante. Justo detrás del templo, aún fluye el manantial termal que él mismo bendijo. El annadāna sigue siendo ofrecido, y la obra social que él inspiró continúa, extendiéndose también a iniciativas educativas y médicas en la región.
Ganeshpuri hoy
Ganeshpuri es hoy un importante centro espiritual para buscadores de todas las tradiciones. Los āśrams que lo rodean ofrecen retiros de meditación, cantos devocionales, recitaciones de las escrituras, y enseñanzas sobre el ātman y la auto-realización. En los festivales, miles de personas acuden al samādhi para rendir homenaje al avadhūta silencioso.
Además, en localidades como Kanhangad y Vajreshwari, su presencia sigue viva a través de devotos y centros espirituales. En los āśrams, tanto en India como en otros países, se honra su imagen y su śakti.
Su legado eterno
Bhagavān Nityānanda no dejó tratados ni fundó escuelas filosóficas. Su enseñanza fue directa y experiencial. Solo existe un pequeño texto atribuido a él: el Chidakāśa Gītā (“El Canto del Espacio de la Conciencia”), una serie de declaraciones espirituales, muchas de ellas espontáneas, registradas por devotos mientras hablaba en estado de trance.
Una de sus frases más conocidas y transformadoras resume el corazón de su enseñanza:
“El corazón es el centro de todos los lugares sagrados. Ve y deambula allí”
— Chidakāśa Gītā

